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BALAS PERDIDAS

LA CHINA

Jaime era la típica persona que creía que el estado de normalidad mental y física eran una especie de castigo divino. Beber, Fumar, y drogarse en general eran su meta y su razón de ser, aparte de muchos otros vicios que no cabrían aquí. Lo peor es que no podías estar a su lado sin verte absorbido por su espiral autodestructiva.

Estamos en mi casa, Jaime acaba de llegar y no tiene hora de salida. Yo estoy totalmente aplatanado porque sí, y ni puedo ni quiero evitarlo. Los ojos de Jaime miraban viciosos y chispeantes el cubata que le acababa de servir, y luego me mira a mi de la misma forma, con una sonrisa diabólica:

-Bua! Tengo un hash...- deja la frase sin terminar, esperando mi reacción.

-Ajá

-Es que es casi como una bellota, pero cuesta como un ful normal. Y pega...Pega lo que no está escrito!

-Está bien

Jaime rebusca en su bolsillo un pequeño monedero, que abre y registra con dedos rápidos. Yo no puedo evitar dejar caer la cabeza en el sofá y suspirar. Por suerte Jaime no lo ve. Saca una piedrecilla del monedero y me la tiende como quién te deja sus órganos vitales.

-Es que míralo, que suave, que textura. Ya verás, quémalo un poco y huele. Huele!- Me pasa un mechero como quien pasa una pistola a un camarada mafioso para que haga el trabajo sucio.

Yo no sé si asustarme o enfadarme, así que hago lo que me dice, quemo la china y la huelo. Le devuelvo la piedra y el mechero. Jaime me mira con ojos expectantes aunque soberbios, seguro de mi respuesta.

-Huele bien.

-¿Huele bien? es la puta hostia! Tu no has fumado esto en tu vida.

-No, y a este ritmo me moriré antes de probarlo. Déjate de charla y hazte un porro.

Jaime se queda callado mirándome. Su cabeza va a mil por hora y sus ojos también. No me mira a mí, parece estar haciendo un listado mental de todos los objetos de la sala. Aparece su sonrisa maléfica y esta vez ofendida también.

-Eres un mierda. Paso de compartir esto contigo. - Se levanta, se bebe el cubata de un trago - Fumate tu orgullo, cabrón.

Jaime se va pegando un portazo. Yo me quedo tranquilo y con las ganas de haber probado esa materia.

 

 

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