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BALAS PERDIDAS

el verano

Gerardo y yo nos encontrábamos en el chiringuito playero como cada noche. Nos sentábamos en las hamacas que miraban al mar, lejos de la música y de la posibilidad de ligarnos a una fémina. A esas horas del día ya habíamos renunciado a nosotros mismos. Nos sentábamos sin decir ni pensar más que en nuestra propio aburrimiento. Bebíamos claras de medio litro porque era una forma barata y sobretodo cuantiosa de beber sin emborracharnos seriamente. Queríamos ser conscientes de nuestra propia muerte.

Después de cinco minutos de silencio estrellado, Gerardo pegó un trago y dijo:

-Todo esta mierda es pá pillar no?

-El qué?

-Todo. La vida, el salir de noche. El que no nos hayamos tirado de un puente...es por pillar cacho no? Porque si no no entiendo que hacemos aquí...

-Joder, eso dice Schopenhauer. Yo me hubiera matado hace tiempo si no fuera porque tengo un ADN que repartir por ahí.

-...que triste.

-Ya ves...

Nos volvimos a quedar en silencio, mirando al cielo y fumando el cigarrillo mil. De fondo se oían las risas de un grupo de chicas y la música del chiringuito.

 

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