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BALAS PERDIDAS

Nunca entendiste que la culpa de que rompiéramos es que te quería demasiado. Normal que no lo entendieras, yo tampoco lo entiendo, pero es así. Me gustabas más de lo que yo podía soportar. Más de lo que tú podías soportar también. No podíamos tener un día tranquilo, en el que tu te dedicaras a dibujar y yo a aporrear la guitarra o a escribir. Porque entonces me giraba, y te veía allí estirada, con la cabeza apoyada en el papel, concentrada, y entonces te quería demasiado...

 

Pero para que hablar. Aquí el amigo Nacho lo dirá siempre mil veces mejor...

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